Aceptación compasiva del cuerpo

Esta meditación combina un recorrido de atención por el cuerpo con la práctica de la autocompasión. No busca que te guste cada parte de tu cuerpo ni que cambies nada en él: propone, simplemente, aprender a acompañarlo con más amabilidad, incluida esa voz crítica que a menudo aparece cuando lo miramos con atención. Es normal que al principio esa voz se resista, o que cueste sentir calidez hacia ciertas zonas; no hace falta forzar nada.
Busca una postura cómoda, cierra los ojos y realiza un par de respiraciones algo más profundas de lo habitual. Nota el contacto de tu cuerpo con la superficie que te sostiene y deja que la respiración encuentre su propio ritmo.
Haz un recorrido lento, de la cabeza a los pies, dejando que la atención se pose un momento en cada zona sin analizar ni corregir nada: el cuero cabelludo, la frente, el cuello, los hombros, el pecho, el abdomen, la espalda, las caderas, las piernas, hasta los pies. Si en algún punto aparece un pensamiento crítico o una sensación incómoda, basta con notarlo, sin discutir con él.
A continuación, trae a la mente una presencia que para ti transmita calidez y aceptación sin condiciones —alguien querido, un animal, o simplemente una luz cálida—. Lleva una o ambas manos a la zona del cuerpo hacia la que sueles ser más crítico o crítica, o abrázate suavemente, y deja que esa calidez pase a través del brazo hasta esa parte. Piensa en todo lo que esa zona hace por ti, y si te apetece, dile en silencio algo como «gracias» o «te acepto».
Deja que esa calidez se extienda, si quieres, a otras partes del cuerpo. Cuando estés listo o lista, vuelve a notar la respiración y el peso del cuerpo, y abre los ojos poco a poco antes de retomar tu actividad.
