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Autocompasión a través del tacto

autocompasión a ravés del tacto

 

Esta meditación trabaja la autocompasión a través del tacto: un masaje consciente en los pies como gesto de cuidado hacia ti misma. El contacto físico suave activa por sí solo una sensación de calma y seguridad; no hace falta creer nada especial, basta con dejar que las manos hagan ese gesto. Es normal que al principio resulte algo extraño tocarte con esta intención, sobre todo si no estás acostumbrada a tratarte con ternura — no hay nada que forzar.

Quítate los zapatos y, si puedes, también los calcetines. Busca una postura en la que puedas acceder cómodamente a tus pies. Cierra los ojos unos instantes y dirige la atención a la respiración, sin cambiar nada. Amplía después la atención a las sensaciones de contacto: el punto donde el cuerpo se apoya, la temperatura del aire.

Cuando estés lista, alcanza un pie con las manos. Antes de tocarlo, conecta un instante con una sensación de cariño hacia ti misma —puedes sentirla en el pecho— y deja que baje hasta las manos. Empieza el masaje con un toque muy suave, casi como una caricia, cerca de los dedos, con la misma delicadeza con la que acariciarías a alguien a quien quieres mucho.

Observa lo que aparece. Puede surgir cierta resistencia, o el pensamiento de que no te lo mereces: deja que esté ahí, sin necesidad de discutir con él. Continúa masajeando entre los dedos y a lo largo del arco del pie, subiendo hacia el tobillo y, si te apetece, la pantorrilla. Si notas alguna emoción, trátala también con ese mismo cuidado, como si la sostuvieras entre las manos. Cuando termines con un pie, dedica el mismo tiempo al otro.

Al terminar, quédate un momento en silencio y nota si algo ha cambiado, en el cuerpo o en el estado de ánimo. Vuelve poco a poco a la respiración, siente el peso del cuerpo en el asiento y, cuando estés lista, abre los ojos y retoma tu actividad.

Inspirado en el trabajo de Kristin Neff sobre autocompasión a través del contacto físico.
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