¿Por qué nos quejamos tanto?
La queja se ha normalizado hasta convertirse en una forma casi automática de comunicación. Es habitual encontrarnos con personas que inician sus conversaciones con lamentos sobre el tráfico, el clima, los compañeros de trabajo o las decisiones políticas. Incluso podríamos reconocer en nosotros mismos esa tendencia. Pero, ¿por qué lo hacemos? Y, lo más importante, ¿cómo podemos dejar de quejarnos?
Quejarse puede cumplir varias funciones psicológicas. A veces buscamos validación emocional: queremos que alguien nos escuche y empatice con nuestro malestar. En otras ocasiones, la queja es una forma de liberar frustración o expresar inconformidad ante una situación que sentimos que no podemos controlar. Sin embargo, aunque nos proporcione un alivio momentáneo, vivir en la queja tiene consecuencias negativas a medio y largo plazo.
Según la psicología positiva, especialmente desde el enfoque del modelo PERMA desarrollado por Martin Seligman, la forma en que interpretamos y respondemos a lo que nos sucede tiene un impacto directo en nuestro nivel de bienestar. Quejarnos de forma constante no solo no resuelve los problemas, sino que refuerza estados emocionales negativos, debilita nuestra percepción de autoeficacia y daña nuestras relaciones.
Vamos a explorar en profundidad tres razones fundamentales para dejar de quejarnos y cómo podemos dar pasos concretos hacia una actitud más constructiva, plena y saludable.

1. Nos instala en el rol de víctimas y limita nuestra capacidad de acción
Cuando nos quejamos sin una intención clara de cambiar o resolver la situación, nos colocamos en una posición pasiva frente a la vida. Esta es la base de la queja crónica, un fenómeno ampliamente analizado por el psicólogo Robert Biswas-Diener, referente en psicología positiva y coaching.
La queja crónica nos encierra en una narrativa en la que el control de nuestra vida está en manos de los demás o del azar. Vivimos desde una percepción de impotencia aprendida: creemos que nada de lo que hagamos marcará una diferencia. Esta actitud reduce nuestra capacidad de agencia, nos desconecta de nuestros recursos internos y nos mantiene en un estado constante de insatisfacción.
Además, como señala el concepto de autoeficacia propuesto por Albert Bandura, creer en nuestra capacidad para influir en los acontecimientos es esencial para actuar y superar desafíos. Si vivimos quejándonos, debilitamos ese poder interno.
Solución práctica:
Transformar la queja en una invitación a la acción. Si algo te molesta o te hace sentir incómoda, pregúntate:
- ¿Qué está en mi mano cambiar?
- ¿Qué puedo hacer diferente hoy?
- ¿Estoy dispuesta a asumir la responsabilidad de mejorar esta situación?
Pasar de la queja a la responsabilidad es un acto de empoderamiento.
2. Nos aleja del momento presente y del disfrute cotidiano
Uno de los efectos más perjudiciales de la queja es que nos desconecta del aquí y ahora. Cuando nos quejamos, generalmente estamos enfocados en lo que no fue como esperábamos o en lo que tememos que ocurra. Rara vez estamos conectados con lo que sí está ocurriendo, con lo que sí está bien.
Ronald D. Siegel, en La solución mindfulness, explica cómo la práctica de atención plena puede ayudarnos a reconocer y soltar patrones mentales negativos, entre ellos, la queja. El mindfulness nos invita a observar lo que sentimos sin juzgar, y a desarrollar una mayor aceptación hacia lo que no podemos controlar.
La queja constante nos convierte en esclavos de nuestras expectativas. Como recuerda Sonja Lyubomirsky en Los mitos de la felicidad, la creencia de que «seré feliz cuando…» nos empuja a vivir insatisfechos con el presente, siempre esperando que algo externo cambie. Sin embargo, el bienestar auténtico se construye aquí y ahora, con lo que somos y con lo que tenemos.
Solución práctica:
Incorpora prácticas diarias de atención plena. Algunas opciones simples incluyen:
- Hacer tres respiraciones profundas al comenzar el día.
- Observar conscientemente tu entorno cuando caminas.
- Practicar gratitud cada noche escribiendo tres cosas que valoras de tu jornada.
Cuanto más conectados estemos con el presente, menos espacio hay para la queja automática.

3. Afecta negativamente nuestras relaciones y nuestro entorno
La queja también tiene un efecto directo en la calidad de nuestras relaciones personales. Quejarnos de forma reiterada genera un ambiente de negatividad, desaliento y desconexión. Aunque inicialmente alguien pueda escucharnos con empatía, si la queja se vuelve una constante, la comunicación se vuelve tóxica.
Barbara Fredrickson, en su teoría de la ampliación y construcción de emociones positivas, explica cómo las emociones agradables nos ayudan a fortalecer vínculos y a generar resiliencia. La queja sostenida hace justo lo contrario: nos cierra, nos aísla y deteriora nuestros lazos afectivos.
En cambio, las quejas instrumentales —aquellas que tienen un propósito constructivo y se expresan desde el respeto— pueden ser útiles. Este tipo de queja se convierte en una solicitud o en una expresión asertiva de necesidades. Aquí, la Comunicación No Violenta (CNV) de Marshall Rosenberg resulta una herramienta poderosa.
Solución práctica:
Practica la CNV utilizando esta estructura al comunicar una queja:
- Observación: Describe objetivamente lo que ocurrió.
- Emoción: Expresa cómo te sientes.
- Necesidad: Explica qué necesidad no está siendo satisfecha.
- Petición: Propón una acción específica y realizable.
Por ejemplo:
«Cuando llegas tarde a nuestras reuniones (observación), me siento frustrada (emoción) porque necesito sentir que respetamos el tiempo mutuo (necesidad). ¿Podrías avisarme si vas a retrasarte? (petición)»
Cuatro acciones para empezar a dejar de quejarte hoy
- Toma consciencia de tus quejas.
Haz un diario de quejas durante tres días. Anota cada vez que te quejes, el tema, tu emoción asociada y si fue útil o no. Solo este ejercicio genera un cambio de conciencia. - Evalúa la función de cada queja.
¿Estás buscando apoyo emocional o una solución? A veces necesitamos ser escuchados, pero otras veces solo estamos repitiendo un patrón inconsciente. - Reformula.
Cambia frases como “todo me sale mal” por “esto fue difícil, pero puedo aprender de ello”. El lenguaje transforma la percepción. - Activa tus fortalezas.
Desde el enfoque del Coaching de Fortalezas (VIA Institute), identificar y aplicar tus fortalezas —como la gratitud, la esperanza, el sentido del humor o la perseverancia— puede ayudarte a salir del ciclo de la queja y construir bienestar auténtico.

Reflexión final: Elegir una vida más plena
Dejar de quejarnos no significa resignarnos, sino elegir una postura activa y consciente ante la vida. Es dar un paso hacia la responsabilidad personal, hacia la aceptación de lo que no podemos cambiar y hacia la acción en aquello que sí depende de nosotras.
Como expresa Mihaly Csikszentmihalyi en Aprender a fluir, vivir con plenitud es un arte que se cultiva con atención, intención y compromiso con nuestros valores. Y para lograrlo, necesitamos dejar atrás la queja como compañera de camino.
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